“Junts comparte muchos rasgos con formaciones de ultraderecha”

Steven Forti: “Junts comparte muchos rasgos con formaciones de ultraderecha”

Entrevista

En ‘Extrema derecha 2.0’ (Siglo XXI, 2021) el historiador y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona Steven Forti describe el funcionamiento de formaciones que amenazan la democracia desde dentro normalizando su discurso en las redes sociales y ofrece un breve manual de instrucciones para combatirlas, alertando de que los Salvini, Le Pen, Trump, Bolsonaro, Orbán y Abascal han venido para quedarse.

[Steven Forti (fuente: Wikipedia)]

¿Cómo podemos reconocer a esa extrema derecha 2.0? ¿Cómo diferenciarla de otras formas de populismo?

La extrema derecha usa el populismo como el resto de los actores políticos. La diferencia es que, ideológicamente, se sitúa en la derecha radical y tiene una serie de características: nacionalismo muy marcado, identitarismo, crítica al multilateralismo, eurofobia y defensa de la recuperación de la soberanía nacional dibujando el pasado como una Arcadia feliz. Defiende valores conservadores y crea una serie de enemigos que amenazarían la pureza de la nación, como los migrantes, el Islam o la Unión Europea. Son elementos que encontramos en Trump, Abascal, Le Pen Salvini, Orbán y Bolsonaro.

¿Comparte rasgos con los fascismos de la Europa de entreguerras?

Hay elementos de continuidad pero también rasgos nuevos. Ninguna de estas formaciones reivindica el pasado fascista de sus países. Salvini no reivindica a Mussolini, ni Alternativa para Alemania el nacionalsocialismo de Hitler. Como mucho hacen guiños ambiguos, pero intentan no ser encasillados en formaciones neofascistas o neonazis.

¿Lo hacen por estrategia electoral o por un giro ideológico?

Por las dos cosas. Entienden que eso les podría restar apoyo, pero tampoco se distancian claramente para no alejarse del caladero del voto nostálgico. La nueva extrema derecha no reivindica la creación de un régimen totalitario de partido único o encuadrar a la población en grandes organizaciones de masas. No son una ‘religión política’, como dijo el historiador Emilio Gentile.

¿Cuáles son sus objetivos, entonces?

Vaciar desde dentro la democracia liberal. La Hungría de Orbán, el único modelo existente de gobierno ultraderechista, quiere transformar la democracia liberal en una democracia iliberal. Es decir, la democracia sigue existiendo formalmente, hay partidos, elecciones y libertad de prensa sobre el papel pero todas esas libertades están controladas por el Gobierno.

¿Contaminan la agenda del resto de partidos?

Claro. Buscan que se acepten opiniones antes inaceptables en un sistema democrático y escorar hacia la extrema derecha a los partidos. Algo que debería preocuparnos es la ultraderechización del Partido Popular Europeo. La derecha conservadora clásica es el eslabón débil porque hay diferentes posturas. Mientras Merkel ha defendido un cordón sanitario, Berlusconi, Johnson y Casado han comprado el discurso de la ultraderecha y al final acaban legitimándola y convirtiéndola en una opción viable.

La “confusión ideológica” a la que alude en el libro para definir el momento histórico actual ¿es un caldo de cultivo para que prospere la extrema derecha?

Desde luego. Vivimos cambios muy rápidos y tenemos una sociedad deshilachada. Partidos políticos y sindicatos no son lo que eran, su arraigo territorial es menor que en el pasado y eso favorece que propuestas radicales tengan más predicamento en una sociedad que no encuentra canales para hacer llegar a las instituciones sus preocupaciones y sus miedos. Ideologías como el socialismo o el liberalismo no han desaparecido, pero están en crisis y ahí la extrema derecha tiene un terreno abonado para usar el miedo canalizándolo hacia el odio.

Se ha analizado mucho qué factores contribuyen al auge de la extrema derecha pero ¿cuál es su punto débil?

Diría que uno de sus talones de Aquiles es la dificultad de gobernar y hacer políticas prácticas, porque la extrema derecha es tacticista, cortoplacista y cambia de idea radicalmente en poco tiempo. Cuando toca enfrentarse a una pandemia la cosa se complica y los casos de Bolsonaro y de Trump son un ejemplo. Otro punto débil son sus cuadros. La mayoría no están preparados para gestionar la maquinaria institucional.

De las propuestas que lanza para combatir a la extrema derecha ¿cuál es la más urgente?

Como las razones de su auge son múltiples, la respuesta tiene que ser múltiple. Las nuevas extremas derechas han venido para quedarse porque, además de razones económicas hay razones culturales, temas que rompen la tradicional división izquierda-derecha, como los derechos LGTBI o la cuestión migratoria. Hay que actuar en muchos niveles, el institucional, el de los medios de comunicación, de la sociedad civil y de la ciudadanía en general.

¿Cómo valora el cordón sanitario a Vox en el Parlamento de Catalunya?

Es pronto para saber si ha tenido éxito. Los cordones sanitarios no son una solución al problema pero sí un paliativo que debería adoptar cualquier partido democrático. Pero no funcionan si alguien se queda fuera, y en Catalunya PP y Cs no se han sumado, así que es un cordón cojo. Por otro lado, hay que tener cuidado con la forma de aplicarlo. No creo acertado vetar al senador de Vox cambiando el sistema de elección, porque creas un precedente. Y no se puede banalizar, como hicieron los independentistas en la campaña electoral del 14-F, levantándolo contra una formación democrática como el PSC. Es una aberración incomprensible en la Unión Europea.

Dice usted que en el partido de Puigdemont hay un núcleo nada desdeñable de dirigentes que comparte ideas ultraderechistas. ¿Nos da algún nombre?

Junts es un mejunje nacional-populista y no sería acertado definirlo como un partido del todo de la extrema derecha 2.0 pero comparte muchos rasgos con esas formaciones. Ha habido candidatos expulsados por declaraciones xenófobas, racistas y machistas y, cambiando las referencias geográficas, algunas declaraciones del ex president Torra podrían ponerse en boca de Salvini o de Orbán. Muchas de las de Joan Canadell, número tres de la lista de Junts, se enmarcan claramente en el discurso de la extrema derecha 2.0.

Pero siempre han negado cualquier vinculación con la extrema derecha…

Sí, pero percibo en algunos dirigentes de ERC una mayor atención a este tema. Gabriel Rufián, en el debate sobre los Presupuestos, hizo un alegato muy claro en contra de quien, dentro del independentismo, habla de buenos y malos catalanes.

El Periódico (7.11.2021)