Archivos del Autor: Félix Ovejero

País Vasco: por qué respirar sigue resultando difícil

País Vasco: por qué respirar sigue resultando difícil

«Cuando se consiente vivir demasiado tiempo en el delirio el despertar es una pesadilla»: con estas palabras abría Antonio Muñoz Molina un artículo el 12 de marzo de 2004, cuando, como tantos españoles, incluso muchos de aquellos que más tarde han querido olvidarlo, estaba convencido de que la masacre de los trenes de Atocha era obra de ETA. Muñoz Molina estaba equivocado. Pero, para lo que importa, da lo mismo. En las mil y pocas palabras que seguían nos proporcionaba un impecable análisis de las tramas de complicidades, silencios y comprensiones que han servido de fermento a la violencia etarra. Se confirmaba, una vez más, que también para entender la barbarie se necesita cierta inteligencia práctica, la vieja phronesis, que no está al alcance de cualquiera ni, desde luego, se adquiere en las facultades de ciencia política. Relean el artículo. Yo lo hago con frecuencia. Llevo muchas horas fatigadas en lecturas académicas y les puedo asegurar que pocas veces he leído destilado en tan pocas líneas un ejercicio tan afinado de racionalidad moral. Deberían pasearlo por las escuelas. Y por las facultades: sobre todo, por las de ciencias sociales.

Revista de Libros (octubre 2020)

Los sueños de octubre

Los sueños de octubre

El autor subraya que, tres años después del 1-O, Pedro Sánchez ha levantado el telón de la ficción de la unidad constitucional, mientras se aparta al Rey de Cataluña y los independentistas imponen su relato

El 3 octubre de 2017 a las ocho y media de la tarde tomaba un avión desde Sevilla hacia Barcelona. Pocas horas antes el Rey había anunciado un discurso para las nueve de la noche y durante la tarde me temí lo peor, otra dosis de cháchara complaciente con el delito y la mezquindad. Ya saben: pocas menciones a la ley y mucha cochambre palabrera alterando el sentido recto de los conceptos (pluralidad, diálogo, etc). Al aterrizar en Barcelona y conectar el teléfono, en un mensaje, bromeando, un amigo me preguntaba si yo era el autor del discurso. No, no lo había escrito pero, naturalmente, lo firmaba. Lo firmaba como firmo la Constitución: no incluía todo lo que yo hubiera dicho, pero casi todo lo que incluía lo hubiera dicho. Aquella noche llegué con dificultades a casa, caminando a través de una ciudad vandalizada por las escuadras del nacionalismo con la complacencia de su alcaldesa. Pero nada me quitaba la sonrisa de la cara. Como en el poema de Gil de Biedma, algo ya comenzado no admitiría espera. Había razones para la esperanza.

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Trincheras de la historia

Trincheras de la historia

El autor analiza cómo se ha viciado lo que rodea al concepto «investigación histórica» y cómo se han servido de las apelaciones a la cientificidad en no pocos de nuestros debates nacionales para rehuirlos

El nacionalismo, que se nutre de mitos e identidad, necesita un momento original esplendoroso en donde anclar la identidad de la nación, ese que han ido malbaratando los invasores y que los nacionalistas -reaccionarios como son– buscan reinstaurar

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Podemos o la destrucción de la izquierda

Podemos o la destrucción de la izquierda

El autor subraya que acertaron de pleno tanto quienes pensaron que la formación de Pablo Iglesias podía erosionar a la izquierda como los que temieron que lo que buscan es desmontar España

En todo caso, si unos consideraron que Podemos podía erosionar a la izquierda y otros, desmontar España, no queda más que felicitarlos: acertaron de pleno. Sobre todo, porque los dos objetivos apuntan en la misma dirección: minar la posibilidad de un proyecto igualitario compatible con la eficiencia. Podemos ha sentenciado a la izquierda española.

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Defendamos la República

Defendamos la República

Si quieren un ejemplo preciso de republicanismo, relean el discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017. Allí están todos los mimbres: la defensa de la Ley, de la Constitución y de la Democracia. Y sobre todo el recuerdo de que los poderes públicos no están al margen de la Constitución y del resto del ordenamiento jurídico. 

Precisemos. El republicanismo es una teoría de la libertad: los ciudadanos son libres cuando no están sometidos a intromisiones arbitrarias, tanto reales como potenciales. No es libre el siervo al que su señor le impide escoger una pareja pero tampoco lo es al que se lo permite, sujeto como está a la voluntad ajena. Aunque no se ve interferido, no por ello abandona la condición servil. Quien es libre porque se lo consienten no es libre. Cuando un poder puede actuar arbitrariamente no hay libertad. Si alguien puede, según le plazca, impedir a algún otro hacer o decir lo que quiere, no hay libertad.

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Anatomía de un trastorno normalizado

A Quitllet se la nombra no a pesar de ser independentista, sino porque lo es

Anatomía de un trastorno normalizado

He esperado unas semanas a ver cómo se recibían dos locuras de nuestro ya de por sí bastante desquiciado paisaje político: la vindicación de Zapatero de ministros independentistas y el nombramiento de una periodista independentista, Rosa María Quitllet, como jefa de los informativos de RTVE en Cataluña. La dos relacionadas. La reclamación del primero encuentra su traducción en el cargo de la segunda: la gestión y la defensa de la vida de todos depositada en quienes proclaman su intención de destruir la comunidad compartida. Tampoco es una novedad: el ministro de Universidades celebró el pasado octubre el vandalismo independentista.

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Miénteme (con muchos números) y dime que me quieres

Miénteme (con muchos números) y dime que me quieres

El autor subraya que mal podían planificar nuestros dirigentes ante la grave crisis cuando ni siquiera tenían un mapa de la situación, los datos básicos

Naturalmente, un gobierno sin afán de verdad no tenía problemas para cebar nuestra fantasía con ilusión de rigor, con esas invocaciones a “la ciencia”, que ya por su simple construcción sintáctica confirmaban su ignorancia acerca de en qué consiste la ciencia. Decían saber e iban a ciegas. Mal podían planificar cuando ni siquiera tenían un mapa de la situación, los datos básicos. Aunque, bien es verdad, una parte de la culpa no era suya sino de un sistema autonómico incapaz de compartir el historial clínico de sus ciudadanos y en el que cambiar de comunidad es como cambiar de país.

Las predicciones resultan complicadas. Pero nosotros nos resistimos a aceptarlo. Uno de los premios Nobel de Economía más indiscutidos, Kenneth Arrow, ilustraba esas dos circunstancias con su experiencia como meteorólogo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando quiso convencer a sus superiores de la inutilidad de sus informes: “Los estadísticos que había entre nosotros verificaron las previsiones y descubrieron que no diferían del azar. Los propios encargados de preparar los pronósticos estaban convencidos de tal extremo y pidieron que dejaran de hacerse. La respuesta decía aproximadamente lo siguiente: “El general en jefe es consciente de la inutilidad de las previsiones meteorológicas. Sin embargo, las necesita por motivos de planificación”.

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